
Decir que Antichrist es “mala porque no tiene pies ni cabeza”, sería caer en lo fácil, y caer en el error más frecuente entre los cinéfilos a la hora de realizar una crítica. ¿Por qué? Porque “Antichrist” es mala, pero tiene pies y tiene cabeza; pero si bien los tiene, sus pies están en el cielo de las pretensiones y su cabeza por debajo de la tierra, enlodada y perturbada. Aquí es cuando otros dirían “Es mala por ser agresiva”, pero los que lo dijeran también se equivocarían. Es agresiva, pero eso no la hace mala, sino el hecho de no encontrar mayor fundamento para esa agresividad que el simple –y hueco- objetivo de provocar. Lars Von Trier, con esta nueva película provoca por sobre todas las cosas, pero ¿a quién?, ¿por qué? ¿para qué?... En fin: provoca a todos, porque se le da la gana y para que se hable de él… Pero… ¿y la película? ¿Qué se puede decir del film “Antichrist”? Pues bien,
se puede decir que está excelentemente actuada en su primera mitad; se puede decir que posee un prólogo de maravilla, se puede decir que asusta, intriga, repugna… pero por sobre todas las cosas se puede decir aquello que he tratado de no decir yo mismo hasta ahora: Que no tiene razón de ser más allá de lo que pretendía haber sido en un comienzo: la buena película que no es, la fallida obra maestra que cae en los abismos de lo fácil, de lo comprensiblemente incomprensible:
El tradicional engaño de enturbiar las aguas para ocultar su verdadera profundidad.
“Anticristo” se plantea como un film analítico de su historia, de su director, de los personajes que la habitan, y de los escenarios que podrían representar algo más que lo que se muestra. Pero si bien intenta reflejar algo, los únicos reflejos que vemos son los espejismos del talento de un director excelente con una película pretenciosa que tiene para ofrecer mucho menos de lo que vende.
“Antichrist” no insinúa, muestra directamente una amalgama de imágenes preciosas o aterradoras, y ahí se cuela su fracaso. Von Trier quiere jugar a ser Freud y el Papa al mismo tiempo, quiere ser Dios y Satán, quiere ser el hombre y la mujer, cuando en realidad es un niño que no comprende qué representan el hombre y la mujer. Von Trier, con películas ya históricas para el mundo del cine, muestra un gran retroceso: una inmadurez inesperada frente a la combinación de géneros cinematográficos: él quiere hacer una película de terror, de dramas, de filosofía, y ¿por qué no? algo pornográfica, morbosa; pero todo se le va de las manos y lo que termina ofreciendo es una buena orgía visual pero de
empacho argumental que indigesta.

El peso de la película recae completamente en la pobrecilla de
Charlotte Gainsbourg, cuya labor es excelente. La actriz se entrega por completo a las manos de Von Trier, hace al pié de la letra todo lo que él le pide; y aunque el guión que pone palabras en boca de ella sea mediocre, Charlotte hace lo mejor que puede con su desquiciado papel. Su actuación es impresionante, aunque su papel sea una estupidez. ¿Y por qué es una estupidez? Sencillo: porque al igual que el resto de la película, su personaje pretende simbolizar algo, y la verdad es que una mujer metiéndose una tijera en la concha (sí, dije CONCHA) no es más que eso: una-mujer-metiéndose-una-tijera-en-la-CONCHA (sí, de nuevo “concha” y en mayúsculas, para que los intelectuales se alteren). Que una mujer se extirpe el clítoris no simboliza ningún tipo de represión cuando no hay insinuación. Conchas, culos, penes y tetas, son eso: ¡conchas, culos, penes y tetas! Ok, muy bonito/as pero sin otra razón para el film que la de provocar. Cualquiera de esas partes del cuerpo en la vida real es más interesante y más útil.

En fin, de esto se trata el film: de mostrar, de alterar, de romper cánones para pretender ser arte, tal vez arte pornográfico o morboso (el porno y el morbo también pueden ser arte), pero el arte que aquí se ofrece, es arte barato. ¡Vamos! ¿Una pareja cogiendo mientras salen manos de un árbol? Está bien, puede ser producto de una fantasía; pero es
estética naif, estética de película erótica barata, repito: mostrar para provocar, a cualquier precio. Hay cosas más o menos sugestivas que impactan más que eso. Los simbolismos de esta cinta no simbolizan nada. Son símbolos falsos, arrogantes, que están por estar; que adornan y gritan durante todo el metraje: pero que no tienen más traducción que aquella que algunos “filósofos” quisieron darle. Repito: Una tijera adentro de una concha, no es más que eso;
si en la saga “Saw” o “Hostel” una chica se cortaba la vagina… entonces esas películas eran “sádicas”, “malas” (¡Oh, los abismos de la intolerancia!) pero como esto no es “Saw” ni “Hostel” muchos dirán “¡Qué certero, qué belleza, qué metáfora, etc, etc, etc!”… Y yo me pregunto: “¿Realmente quiso decir algo el director con este film, realmente tienen significado las escenas crudas que aquí tan gratuitamente se nos regalan?”, yo creo que no, por lo menos no para terceros sino únicamente para la mente de un alocado Von Trier. La polémica ya ha surgido, ahora todos hablarán del director y su película, Von Trier está contento; los espectadores han sido burlados. Y digo que a pesar de las interpretaciones que algunos le quieran dar, el mensaje de haber sido cualquiera que sea, podría haber sido representado bajo un formato menos caprichoso y provocador al divino botón.

Si hay algo bueno para destacar, además de la fotografía y de la actuación de su protagonista femenina, es la primera mitad del guión:
Los diálogos de los primeros 40 minutos son de lo más interesantes, y tal vez den pié para un par de reflexiones en los minutos siguientes acerca de la naturaleza del mal (el eterno dilema acerca de si el ser humano adquiere el mal, o nace con la maldad incorporada a su ser), ya que las discusiones de “ella” versus “él” resultan muy interesantes si se las saca de contexto. Ahora bien, pasados esos 40 minutos, todo deriva en el poder de lo visual, en la chocarrería y el alarde estético, y aquí es donde el guión se degenera y termina por tocar el puerto de las tierras de la ridiculez.
Como seguidor de Von Trier que soy, así y todo he dicho lo que he escrito. Por su lado Carlos Boyero del diario “El País” de España lo resume mejor:
“…se dedicarán ilustradas y penetrantes tesis a la grandeza de su provocación, que descubrirán en ella el retrato genial del Apocalipsis. La imbecilidad con ínfulas de transgresión siempre goza de infinitos adeptos en estos templos de la alta cultura…” Durísimas sus palabras, pero en el fondo coincido con él, y
no lo digo por ofender: que quede en claro. Ahora no quiero escuchar la típica frase "no entiendes a Von Trier"...perdón, pero soy fan del director, y eso no ha alcanzado para que este film terminase de gustarme. Al pan, pan y al vino, vino.